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A un año de la Pandemia de Covid-19, algunos adultos mayores se resisten a recibir vacuna



Ciudad de México.- Su pasión son las plantas y los árboles frutales, y con ese ímpetu sembró la despreocupación por el contagio al coronavirus, al grado de rechazar la primera dosis de la vacuna Pfizer anticovid, sólo por desconfianza.


A sus 75 años, doña Rosario García goza de gran vitalidad y fuerza, “es un roble”, realiza tareas sin esfuerzo alguno, se agacha para trasplantar un helecho, lo mismo para recoger basura y tareas del hogar, actividades que algunas personas a su edad se verían limitadas.


Doña Charito, no usa cubrebocas, si acaso gel antibacterial y sólo ante la insistencia de su hija Patricia que ya le dice “abuelita covid”, mote recibido por su sorprendente sistema inmune y vitalidad.


“¡No le tengo fe a esa vacuna, no quiero!”, fue la respuesta que doña Rosario dio a integrantes de la brigada Correcaminos, que tienen como tarea llevar la dosis hasta los hogares de los adultos mayores con falta de movilidad o padecimientos crónico-degenerativos.


Doña Charito vive en Parrilla, una villa a 11 kilómetros de Villahermosa y que la Secretaría de Salud ubicó, semanas atrás, en la lista de poblaciones con mayor número de contagios.


Patricia, su hija es la que cuida de ella y de su esposo, quien fue inmunizado con la primera dosis. Cuenta que le sorprende la fuerza de su madre y su necedad de no seguir los cuidados.


“Es muy necia, me cansé de tratar de convencerla para vacunarse”, dijo vencida la mujer, quien tres veces insistió, pues teme que se contagie en algún descuido.

Pero doña Charo no teme al nuevo coronavirus, dice que aquellas personas que ocupan su tiempo escondiéndose de la infección, son los más propensos.


“Si le temo me contagio. No hay que tenerle miedo, algún día nos vamos a morir y si tiene uno miedo se aloja más la enfermedad (…) ya le dije a mi hija que si me contagio que me lleve y me deje ahí (en el hospital) porque ahí muere uno como cualquier cosa”, manifestó.


A sus 75 años, “la abuelita covid”, no padece diabetes, hipertensión ni otro tipo de enfermedad crónica. Es más, a un año de pandemia ni siquiera ha sufrido alguna afección respiratoria (tos o gripa), pareciera gozar de un sistema inmune blindado contra infecciones o cualquier otro padecimiento.


Charito pasa los días cuidando de sus plantas, hortalizas y árboles frutales que sembró en su patio y frente a su casa, también atiende a su esposo Barsai Moguel de 84 años, afectado por demencia senil.


Fuente: Milenio




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